No sé si todos algunas vez han ayudado a un perro atropellado, pero me queda claro que todos entienden cuando les digo que el Síndorme del Perro Atropellado, es el de esas personas que por el miedo, no se dan cuenta que los quieres ayudar, y te muerden.
Últimamente me he encontrado con más de una persona sufriendo este síndrome, y mi reflexión es sólo para recordar que en tanto personas, las emociones nos inundan y definen.
En el caso que hablamos, nos referimos al miedo, y lo que me parece importante es hacer notar que cuando lo vemos en las conductas lo que vemos es rabia y agresividad. No es trivial: cuando en el otro veo rabia y agresividad, el otro me genera resistencia, otra rabia, y probablemente otras conductas de agresividad de vuelta. Si lo que hago es darme cuanta que detrás hay una persona con miedo, lo que me genera es compasión y ternura.
No creo que amerite más reflexión este hecho de que detrás de la rabia está el miedo. Lo que sí me parece importante de destacar con este post, es que el acto de ir más allá de la primera reacción que me causa la agresión del otro, dejar mi orgullo de lado, e intentar ver y conectarme desde la compasión, es una conducta que estamos dejando ir. Es una conducta que no estamos acostumbrados a cultivar.
Mi incitación es a mirar este asunto. El de leer las emociones, y el de acoger al otro desde la compasión.





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