Fue trabajando en RSE, cuando me topé con la teoría de la reciprocidad de Marcel Mauss producto de su libro El Ensayo del Don, escrito en 1925. Algo tan sencillo y tan profundo, como el simbolismo tras el don en las relaciones, el intangible que "va" con el objeto que se regala. A su vez, algo tan clave como el equilibrio esperado entre el dar, recibir, y devolver.
Sabiendo sólo lo anterior, las preguntas pueden ser tantas, tan diversas, y en tantas áreas: ¿perdimos algo con la inserción del dinero? ¿qué relaciones dejamos de tener por reemplazar la reciprocidad por la transacción? ¿cómo afectan las relaciones cuando no procuramos un equilibrio entre el dar, recibir, y devolver? ¿cómo son las empresas cuando no se preocupan de la reciprocidad? ¿son mejores las organizaciones que sí lo hacen? ¿cómo es la dinámica de la reciprocidad en el liderazgo? ¿en qué están los políticos? ¿cómo se me aparece la delincuencia bajo este prisma?, etc, etc, etc.
Casi puedo asegurar que las reflexiones entorno a este tema, seguirán en el blog, por lo que en esta primera instancia quisiera referirme sólo a una: la reciprocidad en el liderazgo.
Ya sea liderando personas o haciendo coaching (cuando no la misma actividad), y por lo tanto, intentando llevar a otros más allá en su capacidad, me he encontrado con equilibrios de reciprocidades virtuosos y otros defectuosos. Y lo que he ido concluyendo (y probablemente suene muy simple) es que no se puede llevar a otros a terrenos de aprendizaje profundo, sin que antes hayas DADO una sobreabundancia de contención, aprobación, legitimación, respeto, y amor.
Son muchas las veces que puedo recordar, en la que al intentar llevar al otro más allá, mirarse, y aprender, no pude penetrar. Lo que parecía en un principio una buena conversación, a poco andar se transformó en una discusión sin salida, en una guerra de argumentos que mientras más avanzaba más nos alejaba. Tuve que parar, desviarme, retroceder, o sencillamente escapar. El otro sentía que yo le estaba pidiendo que reconociera algo, o viera algo, que le causaba dolor, o lo violentaba, o lo menoscababa en algún sentido, y no era esa la forma, no estaban las condiciones, o simplemente no era yo quien podía decírselo. Nuestro equilibrio de reciprocidad, no me tenía con una cuenta a favor a la cual echar mano.
Otras veces en cambio, he podido experimentar esa capacidad de señalarle al otro, enrostrarle al otro, problemas, oportunidades de aprendizaje, errores recurrentes, incapacidades, traumas, y ser muy bien recibido. Incluso no dejo de impresionarme en el momento, y también después, de las cosas que he podido decir, y el valor y sincero agradecimiento con que han sido recogidas por el otro. Lo que le estoy DANDO (una observación), el otro es capaz de RECIBIRLA (escuchar), y luego DEVOLVERME (aceptación y agradecimiento) de una forma que lo hace crecer, me hace crecer a mí, y fortalece el vínculo entre ambos.
Un pequeño ejemplo. Me encuentro realizándole coaching a una persona. Por mi trabajo le digo que sólo puedo ayudarlo por 3 a 5 sesiones, y que el objetivo es que encontremos una forma que tenga un mayor potencial de "sanación", crecimiento, y solución para él. No lo puedo acompañar en el proceso hasta el final, pero sí en ver el problema de otra forma.
En la primera sesión, la persona rompe en llanto con la pregunta inicial: "¿cómo te sientes que te llevó a venir hasta acá?".
Angustia, pena, soledad, temor, desesperanza, incertidumbre. En pocas palabras, me dice que su timidez no la deja progresar profesionalmente. No era una declaración que me pudiese acomodar, en lo personal, si lo que se trataba era de liberar potencial de crecimiento. Al escarbar, percibí que el problema era otro. Esta persona prescindía de los demás, no le interesaban los demás en tanto otros, y que por razones que no vienen al caso comentar, esperaba que los otros se acercaran a ofrecerle ayuda y servirles.
A la segunda sesión, y luego de rondar por otros temas, le meto la pregunta sobre los demás. Sobre la necesidad de ver, esscuchar, y "atender" a los otros para funcionar en esta vida. Se va con tarea al respecto, y a esta altura me sentía con una buena base de confianza al demostrarle mi genuino interés por su bienestar.
En la tercera sesión, me permito decirle lo que pienso: "no creo que tu problema sea la timidez, de hecho ni siquiera pienso que lo seas y no tienes problemas para expresarte. Más bien creo que el problema es que tu no ves a los otros porque no te importan. Creo que tu problema es que eres arrogante, egocéntrico, y egoísta, y que dado eso, sólo usas a los demás para tu conveniencia, o esperas que se acerquen y adivinen lo que necesitas, para que luego te lo den. Y creo que en términos de desarrollo profesional, tu problema es que no tienes propósito. Propósito que incluya a otros".
Nada de fácil lo que le estaba diciendo, pero mientras lo hacía, veía como sonreía, y también como asentía. Esos gestos me hacían saber que iba por buen camino, y que estaban las condiciones para seguir en la misma línea. Y si lo pienso y lo vuelvo a pensar, es porque antes le DÍ, o le SOBRE DÍ, cariño, confianza, contención, respeto. Sin eso, lo míó habría sido una agresión, y al menos esa oportunidad de crecimiento se habría esfumado. Pero lo que me devolvió fue su aceptación y reconocimiento de lo que le estaba diciendo.
En resúmen, me quedo con la reflexión del cuidado y atención a la reciprocidad en nuestras relaciones, y en el caso del liderazgo, cómo este círculo debe ser empezado por uno. Si creo que se puede cambiar, y si ese cambio es en serio, es duro, frío y doloroso para los demás. Y si es así, es sólo con mucha contención, consideración, y finalmente amor por el otro, que lo puedo lograr. Si voy a asumir los riesgos de liderar, debo comenzar por DAR, y dar más que lo que me puedan DEVOLVER.
PS: al buscar una foto para potenciar el mensaje, me di vueltas y vueltas, y llegué a esta la que me parece que no puede ser más profunda. Lo que hizo Jesús aquellas vez fue ir a lavar con total cariño y humildad, lo más bajo y sucio de los apóstoles, en un gesto que evidentemente se ahorra todas las palabras. Por favor, ribetes religiososo que alejen de la reflexión, dejarlos fuera.





El dar para generar deudas, era el modelo de cohesión social de la era feudal. El rey, recibía obediencia, servicio, y trabajo, a cambio de seguridad. Una seguridad que por resursos, era más que la obediencia, el servicio, y el trabajo. Y bueno, de ahí a la prima nocte, un sólo paso.
Abrazo,
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Pancho Cerda
www.franciscocerda.cl