Cuando los problemas ocupan el lugar del propósito

scaredguy.jpgMe lo enseñaron así, pero además lo creo cada vez con más fuerza: no se puede hacer coaching si la persona no tiene un propósito. El problema es que en mi experiencia, la mayoría de las personas no tiene una respuesta ante la pregunta, "¿cuál es tu propósito?". Y lo triste, es que ante la ausencia de propósito son los problemas los que ocupan su lugar.

El otro día me llama una persona que me pide que "atienda" a otra persona, aludiendo a que "anda perdida y no sabe qué hacer para encontrar trabajo. La verdad es que ni siquiera sabe qué quiere en general".

"Chuta! (modismo chileno para decir qué mal o algo así)", fue mi expresión. Porque la verdad es que se me ocurren cosas que hacer y decir, pero nada que la pueda ayudar sin antes encontrar un propósito. Un "para qué" en su vida que le de sentido, dirección, y energía.

Al juntarme con esta persona, no me encontré con un muro de silencio y vacío. Al contrario, una avalancha de verborrea inagotable. Se trataba de una descripción profusa de un montón de problemas y explicaciones de porqué todos esos problemas le impedían ser feliz, trabajar, y avanzar.

Le dije que hicieramos el ejercicio de dejar los problemas de lado un rato, y que a cambio nos concentráramos un rato en lo que él quería. La pregunta era sencila: "¿cuál es tu propósito?"

"No entiendo", me dijo.

"¿Para qué haces lo que haces?, ¿qué quieres conseguir?".

"Mmm... ". Silencio al fin.

Pero después, a los pocos segundos, comienza con un discurso de que la vida de ahora no te permite tener un propósito, que es muy difícil, que está todo caro, que la sra no lo acompaña (¿a qué?, pensaba yo), que le falta un post grado, y volvimos a las explicaciones y las descripciones de los diversos problemas que tenía en su vida.

El estado emocional volvía a la activación inicial. Luego de un valle de tranquilidad, diría paralización y perplejidad, volvió a la euforia, el nervio y la activación para hablar de sus problemas.

Por mi parte estaba convencido que la conversación sólo podía partir por hablar de su propósito. Con toda la perplejidad y silencios angustiosos que eso podría traer. Pero no había otro camino.

Sin embargo, también se me ocurrió de que ante la ausencia de propósito, los problemas ocupan su lugar. Y es entendible: son prácticos, concretos, convencionales, por lo que es fácil tener un discurso de ellos que compartir con otros, quienes refuerzan su justificación, ofrecen acciones que tomar y por lo tanto en qué "ocupar" el tiempo, y más de fondo aún, nos toman nuestro estado de ánimo basal, nuestras emociones, y como si fuera poco, nos permiten evadir la pregunta: "¿cuál es mi propósito?", porque en muchos casos, tal vez como enfermedad de nuestros tiempos, y como titula el libro de Erich Fromm, son muchos los que tienen un tremendo miedo a la libertad.

Recomiendo darle una vuelta al punto, y prometo volver sobre el tema. Creo que hay bastante tela que cortar.

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Comentarios

Estimado Francisco, primera vez que entro a tu blog y me llevé una grata sorpresa con el artículo. Ya que mencionaste a Fromm, el artículo me hace relacionarlo estrechamente con su propuesta de las “dicotomías existenciales del hombre”. Es la típica lucha inherente al ser humano de enfrentarse con su verdadera verdad: la soledad, pues nace y muere solo. Y para no enfrentar ésta verdad, prefiere ocuparse de otros “problemas” como reacción o mecanismo de defensa.

Y también no puedo dejar de relacionarlo con el “vacío existencial” de Frankl. Lamentablemente es tan común en la sociedad actual ver como las personas hacen lo que otros hacen o lo que otros quieren que hagan, siendo la causa de sus problemas y no son libres para decidir por sus acciones y ser responsables ante ellas.

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