Datos y prejuicios entorno a las movilizaciones por la Educación

trigo.jpgSi hay algo frustrante en todo esto de las movilizaciones por la educación, es la ceguera, los prejuicios, y la incapacidad de ponerse en el lugar del otro, de uno y otro bando. Aquí, una recopilación de columnas que nos alejan y acercan de lo que debiésemos querer todos: educación de calidad sin distinción. Separemos la paja del trigo, por favor!

Primero, sí es ideología: creer que el mercado lo resuelve todo, que el Estado es inefienciente de por sí, o lo contrario, que el Estado es el mejor resolutor de necesidades, y de que el mercado necesita regulaciones para funcionar, son ideologías. El que no lo crea así, cae en la idea Marxista de ideología, como una suerte de falsa conciencia. Es decir, que no me doy cuenta que lo que pienso es simplemente lo que pienso, y que no tiene que ver con la verdad o lo correcto.

Los prejuicios

La columna de Axel Kaiser, titulado la Igualdad y la Envidia, es por el momento el top 1 en la categoría de los prejuicios. Es para el bronce la frase: "y para eso se necesita crecimiento económico, es decir, menos impuestos y menos Estado". Mejor no comentar el cierre: "Esto es lo que plantean los redistribuidores en Chile, quienes, azuzando la envidia entre las masas para ganar popularidad, dedican sus energías a ver cómo hacer para que algunos no tengan mucho más que otros en lugar de ocuparse por mejorar la situación de todos". Qué triste además, considerando que es un sub 30.

Desde el otro lado, encontramos la columna de Juan Guillermo Tejeda, Artista visual, Académico de la Universidad de Chile, "Por qué les tienen miedo a las universidades públicas". Compartiendeo muchos de sus sentires, me parece una expresión más de los buenos contra los malos (quedando él en el lado de los buenos, por supuesto). Hay muchas cosas que él quiere, que yo también quiero, como la justicia, la generación de conocimiento sin distinciones sociales, la diversidad, el encuentro social, el bajo costo de las universidades, etc., pero no creo que la derecha sea el sector de los malos. Hay ideas que no comparto, pero no me arrogaría la propiedad de la bondad si no me identifico con ellos. Aquí creo que falta compasión, en el sentido de sentir con el otro y luego entenderlo o explicármelo. Esto de los de izquierda como los dueños de las buenos intenciones con los desprotegidos, y los de derecha como los de las ideas correctas para alcanzar el desarrollo, me parece lo más frustrante y patético a esta altura.

Los datos

Aunque el título de la columna va encontra del apartado en el que lo uso para este post, me parece lo más atingente para separar la paja del trigo. Hans Mulchi, Periodista. Académico de la Escuela de Periodismo del ICEI de la U. de Chile. Licenciado en Historia de la Universidad Católica de Chile. Documentalista, Máster en Documental Creativo de la Universidad Autónoma de Barcelona, escribe Ideología v/s universidad pública, y se despacha datos para el oro. 

  • la propia ley de educación de la dictadura prohíbe el lucro.
  • Somos el único país latinoamericano donde las universidades públicas son pagadas. No lo son ni la Universidad de Sao Paulo ni la Universidad Nacional Autónoma de México, las mejor rankeadas a nivel mundial de la región.
  • ninguna de las primeras 300 que figuran en el ranking mundial obtienen lucro.
  • el único país del selecto grupo de la OCDE donde quienes administran el Estado se desentienden a tal punto de sus Universidades –o sea las de nuestra propiedad, en cuánto ciudadanos- que hacen descansar el 70% del costo de las carreras en los estudiantes y/o sus familias, es Chile.
  • ningún estudio dice que la calidad dependa del lucro, como le espetó lúcidamente Camila Vallejo a Villegas.
  • la tendencia mundial es que los estudiantes paguen por sus estudios universitarios, aún en las universidades públicas. Lo están haciendo en Europa –dependiendo de la capacidad de pago de cada cual-, incluso los estudiantes de la China comunista lo hacen. Pero esto siempre es en un porcentaje minoritario. El resto lo pone el Estado.

La verdad es que recomiendo 100% esta columna que me interpreta de gran manera. Me cuesta ver a los pro-mercado absoluto como los malos de la película, pero sí comparto, que hay una cosa que no la están viendo, no la quieren ver, la ven de otra forma, o simplemente no la valoran. El hecho de que los países, a través del Estado, procuren educación de calidad sin distinción, pero además en una institucionalidad, ecosistema, y entorno cultural que promueve entender el país, entenderse dentro de él, y pensarse para la sociedad con todos, y todos los elementos incluídos, me parece esencial. También puede pasar en universidades privadas, pero dados los costos llevados a precios, y a la necesidad de elegir un "segmento target", se hace al menos difícil.

La otra columna que me parece buena, Educación: Lo que falta es transparencia, es de Harald Beyer, conocido y activo pensador de derecha. Lo central de su propuesta, y que comparto en cierta medida, es que: más que discutir si es apropiado que existan universidades con fines de lucro, parece razonable sumarse a la experiencia de otras latitudes y reconocer que ellas pueden ser un aporte real, aunque obviamente acotado. Por su lado, los datos y hechos que nos entrega, son los siguientes.

  • Hace dos años un informe de la Unesco advertía sobre el crecimiento de las instituciones de educación superior con fines de lucro en las más diversas latitudes. Estados Unidos y varios países asiáticos llevaban la delantera, pero en América Latina no lo hacían nada de mal México, Brasil y Chile. En Australia y Nueva Zelandia se repetía el fenómeno. Incluso en Europa, la educación superior con fines de lucro comenzaba a dar sus primeros pasos. El informe alertaba sobre el impacto que este avance podría tener sobre la calidad de la educación superior. Había buenas razones para ello, toda vez que no existen universidades con fines de lucro de primera línea.
  • La tasa de desempleo de las personas que han completado la educación superior (Casen 2009 no distingue entre egresados de universidades, IP y CFT) es apenas poco más de la mitad de la observada, por ejemplo, para las graduadas de media, y su ingreso promedio por hora es casi tres veces el promedio de estas últimas.
  • La agenda, más allá de énfasis y diferencias de opinión respecto de cómo se satisface, está relativamente clara: mejores sistemas de financiamiento de los estudiantes de menos ingresos, más equidad en el acceso a las universidades y carreras más selectivas, formación inicial más breve y articulada, más recursos a la investigación tanto básica como aplicada, mayor apoyo a universidades de excelencia definidas de acuerdo a parámetros objetivos, y un sistema de acreditación más exigente, guiado mucho más por resultados que por procesos.
  • Parece razonable sumarse a la experiencia de otras latitudes y reconocer que ellas (las universiades privadas con fines de lucro) pueden ser un aporte real, aunque obviamente acotado.

Comparto con Beyer que las universidades privadas, con y sin fines de lucro, han sido un aporte y lo pueden seguir siendo. Comparto que debiese ser acotado, transparente, y regulado en cuanto a su calidad.

Finalmente, espero sumar a este debate con el post. Cómo Piscólogo y como ciudadano, sostengo que necesitamos abrirnos, primero desde la disposición y el estado de ánimo, comenzar a aceptar ideas que inicialmente creemos imposibles, incorrectas, o incluso inmorales. Cuando no supero esto, dejo de ver al otro como un legítimo dialogante y conciudadano. Favor separemos la paja del trigo en la conversación, pero tambipen en nosotros mismos.

PS: profundizado en otro post más adelante, y leyendo estas cuatro columnas y todas las opiniones que nos inundan hoy por hoy, creo que llegamos a dos puntos: educación pública de calidad sin distinciones, y educación privada, también de calidad, y regulada y transparentada en sus intereses económicos. Me parece una buena idea en términos técnicos, pero también sociales. Hay que reconocer que en Chile, como en gran parte del mundo, hay dos grandes grupos de sensibilidades ideológicas, y negar este hecho, o negarse unos con otros, no sería sensato ni menos sostenible.


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