Empresa busca gerente que entienda su rol social

*Columna escrita para la Red de Diarios Ciudadanos, Mi Voz.

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El país está revuelto y aún en vías de desarrollo. Años de adormecimiento intelectual e ideológico para pensar el país que queremos, despertaron de golpe de la mano de las movilizaciones estudiantiles. Hoy (por fin), abunda la conversación sobre la educación, sobre el clasismo, el lucro, el abuso, la fragmentación social, el consumismo, el papel del mercado y el Estado, etc. Ahora último sobre la definición de las definiciones: la Constitución.

Las empresas no están al lado ni son observadoras de esto que está ocurriendo. Están en el centro. Porque más del 80% de la fuerza laboral trabaja en el sector privado, porque en el mejor de los casos un tercio de nuestras vidas transcurre en el trabajo (tiradito para la mitad), porque ellas son producto y reproductoras de la sociedad, o porque las grandes albergan a la llamada elite. Pero más importante aún, porque su núcleo, el lucro, junto con bullados casos de abusos, las tienen en cuestión.

Cada uno puede elegir, si no lo ha hecho aún, la vereda desde la cual quiere mirar el asunto, pero lo cierto es que el rol social de la empresa debe ser revisado con urgencia.

Elegí una vereda en la que las empresas son deseables, necesarias, y revisten una tremenda oportunidad de generar bienestar social. Alineado con Felipe Berríos, creo que es malo dejar al mercado todos los espacios de la sociedad, siendo el Estado, las fundaciones, las Empresas B, o soluciones intermedias, tan necesarias como las empresas para construir una sociedad más justa, próspera, y feliz. Pero las empresas tienen y deben tener un rol protagónico para el desarrollo de los países y sus ciudadanos.

En ese contexto, los casos de abusos como el de La Polar, la colusión de las farmacias, los daños irreparables al Medioambiente (reconocidos por su gerente) del proyecto Pascua Lama de Barrick, el Mall de Castro, la ocupación inconsciente de la industria salmonera en el sur, el rascacielos sin veredas, el casino de San Antonio, los ridículos mercados y sus ganancias de la banca y las isapres, deberían quedar en el Museo de la Memoria (en la parte mala) de la actividad empresarial chilena. Ahora ya.

Las empresas que necesitamos son las que se entienden movidas por propósitos mayores y trascendentes al bienestar de la sociedad, donde el lucro o la ganancia es el oxígeno necesario para cumplir con esos propósitos. Son esas que se entienden dentro de un sistema interdependiente con sus grupos de interés, donde la generación de valor con ellos y para ellos es crucial y virtuosa: trabajadores, proveedores, accionistas, comunidades, clientes, medioambiente, entre otros.

Quienes las lideren, deberán ser movidos por una ética que vaya más allá de ganar plata, por cierto, lo que puedan comprar con ella, y la posición social relativa que ello les daría. Junto con los conocimientos “duros” de negocios, deberán tratar de entender al Hombre, la sociedad y sus dinámicas. Aprender a escuchar sentires y demandas de diversos grupos. Deberán aprender a optimizar procesos que incluyan a trabajadores que están fuera de la empresa. Negociar para que ganen todos. Comunicar emociones, valores, y sueños.  Valorar el Medioambiente como escenario de la sociedad, y ésta como escenario de la empresa. Comprometerse con causas más que con contratos. Conocerse a sí mismo, y desde ahí liderar dentro y fuera de la organización. Entender que el desarrollo de su empresa, es el desarrollo del país. Otro juego con otras reglas.

En definitiva, las empresas y sus líderes tendrán que cambiar. Será el mismo mercado, todos nosotros, expresando nuestras preferencias por empresas buenas para la sociedad, dejando de lado aquellas malas para la sociedad, los que generaremos ese cambio. Y serán todos los mercados: el de clientes, de trabajadores, accionistas, proveedores, etc. Por eso, y lo digo con un tremendo optimismo y convencimiento del potencial generador de bienestar para el mundo de las compañías, más temprano que tarde no será extraño que veamos los diarios y otros medios repletos de avisos diciendo: “Empresa busca gerente que entienda su rol social”.

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Comentarios

Pancho, es imposible no estar de acuerdo contigo. Yo creo que en Chile hay que sortear un obstáculo adicional: en el polarizado momento en que vivimos, se disocia el lucro del bienestar social en forma súper nosciva. Basta ver cómo trataron en tolerancia cero a Maturana o a Sfeir; como unos hippies locos que proponen unas utopías raras en las que el empresario tiene que renunciar al lucro. Y ellos han insistido justo en lo contrario: el lucro es mucho más sostenible en el tiempo (además de ser más ético) cuando se obtiene no a costa de; sino que junto con el resto de tus stakeholders. Clientes, proveedores, comunidad, empleados y sociedad en general. Puedes forrarte todo lo que quieras en tu negocio, en la medida que tus stakeholders estén mejor después de ti que antes... por último no estén peor. En lo único que he estado de acurdo con Villegas este año es en que por culpa de un mal control de la calidad en la educación es que se debe prohibir el lucro en ella, no porque el lucro sea intrínsecamente malo, sino porque la estrategia general de obtención de ganancias por parte de privados ha sido a través de la reducción de costos mediante el sacrificio de la calidad.

Bueno, el tema da para mucho, pero no me cabe duda que es el gran tema de nuestra sociedad hoy. Cuando bancos, retail y el resto de las industrias aprendan que pueden ser rentables sin necesariamente esquilmar a sus clientes, contaminar aguas, estrujar proveedores o engañar comunidades. Y que eso es el futuro, no son ideas de hippies locos.

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