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La pobreza bajó al 13, 7 %: Encuesta Casen 2006

Enviado por Francisco Cerda el 08/06/2007 a las 13:56
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313858440_18cb3f24b2.jpgFue una sorpresa generalizada la importante baja que tuvo la pobreza en Chile, bajando 5 puntos desde el 2003. De 18,7 % al 13,7%. La indigencia de un 4,7% a un 3,2%. Comparto con Uds., la noticia en emol que hace una buena síntesis y adjunto el pdf con la encuesta.

También quiero recordar que cuando Yunus vino a Chile contesto ante la pregunta de qué podíamos hacer nosotros los chilenos para solucionar nuestro problema: "uds son cuántos, 15 millones, y tienen alrededor de 4 millones de pobres; uds. no tienen un problema. En India son más de 600 millones".

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Los ignorados dueños de empresa

Enviado por Francisco Cerda el 06/06/2007 a las 2:05

AA014828.jpgPara los que hemos trabajado en la gestión de Personas es costumbre ver en nuestros mails o escritorios, permanentes ofertas de cursos de capacitación, talleres, seminarios, encuentros, desayunos, mesas redondas, conferencias, etc. Diría yo que a excepción de la oferta que hace la Universidad de Los Andes (otro día veré cómo cobrar por la publicidad) por su dedicación especial a las empresas familiares, y la Unión Social de Empresarios Cristianos, NO HAY OFERTAS PARA LOS DUEÑOS DE LAS EMPRESAS.

Al menos en Chile (desconozco otras realidades como para opinar), los dueños de las empresas viven como cualquier cristiano, pero

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El olor de la pobreza

Enviado por Francisco Cerda el 22/11/2006 a las 14:47
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PobrezaComparto con Uds. una columna de Mario Vargas Llosa (El Comercio)en la que reflexiona sobre el acceso al agua potable como unidad mínima para observar el fenómeno de la pobreza. Más allá del dinero, de internet, de estudios, bienes o servicios. El agua y el retrete (su falta), como señales y trampas del tercio de la humanidad que vive en lo que llamamos pobreza.

Dicho sea de paso... es una batalla que no hemos ganado, y que no estamos ni cerca.

El olor de la pobreza
Mario Vargas Llosa, escritor
El Comercio, 19 de noviembre de 2006

Hace

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¿Es posible que seas millonario? III... y final

Enviado por Francisco Cerda el 28/06/2006 a las 18:50
Una de las virtudes que rescato del blog, es que te obliga a avanzar en las conversaciones. Diría que es difícil que vuelvas a escribir más de lo mismo, sobretodo cuando otros te han comentado y te han entregado con otros puntos de vista. Por eso este tercer y final post sobre el tema. Lo primero que destacar, que venía sintiendo con los blogs en general, es la dificultas creo no sólo mía, de conversar sobre lo que se quiere conversar, y no caer en intentar decir todo lo que se piensa sobre el tema. Peor aún cuando se escribe (Leer más)
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¿Es posible que seas millonario? II

Enviado por Francisco Cerda el 22/06/2006 a las 19:24

La conversación da para mucho más. Sigo rescatando las variables morales que nos pudieran estar obstaculizando el emprendimiento (en cualquiera de sus formas), y las ganancias que veo al enfrentar el tema de la pobreza por ejemplo, desde el punto de vista de la dificultad para generar riqueza. Ganancias que pasan por el cambio de ánimo y actitud, y por que cambia la definición del problema y nos salimos de la perspectiva de la carencia. Quiero destacar al respecto dos "inter post". Uno de Juan Carlos Lucas en que habla de la riqueza de los pobres como fenómeno a observar

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Hacia un nuevo referente político en Chile

Enviado por Francisco Cerda el 22/05/2006 a las 9:25
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Tanto en este blog como en el de Atina Chile, he planteado la necesidad de renovar nuestra inquietud con el país, con la pobreza y con la manera de hacer política. Por lo demás, estoy lejos de ser el único que lo piensa. Por esta razón, es para mí un gusto presentarles a continuación el Manifiesto del primer grupo de jóvenes que conozco en Chile que ha declarado su compromiso con hacer pasar un nuevo Chile a través de la participación política con todas sus letras. He sido invitado a participar, y me ha gustado el ánimo que he visto. Por supuesto que hay cosas que me gustaría que fueran distintas, pero en ninguna parte dice que no iba a ser así, y mucho menos que no me haga cargo. El Manifiesto que les presento a continuación creo resume de manera brillante el sentir de muchos (los agradecimientos por esta articulación a Daniel Brieba, Sociólogo y Licenciado en Economía PUC). Un nuevo Chile se ve más posible. Chile: nuestro diagnóstico Sabemos que el Chile de hoy, con todos sus problemas pendientes, es incomparablemente mejor que el que existía 30 o 35 años atrás. El país ha progresado, las condiciones de vida generales- incluyendo las de los más pobres- han mejorado, las libertades se han expandido y, sobre todo, el país ya no está atravesado por diferencias políticas tan profundas que amenacen la convivencia o los fundamentos de su democracia. Somos, a comienzos del siglo XXI, un país en construcción, que puja y crece, optimista y con fe en el futuro; que está viviendo una de las mejores- sino acaso la mejor- etapa de toda su historia como nación independiente. Sin embargo, no por ello podemos asumir que el avance futuro está asegurado o que no quedan desafíos por superar. Nuestra modernización sigue siendo insuficiente y en algunas áreas claves estamos avanzando más lento de lo que podríamos; y a la vez, aun nos encontramos intelectualmente en pañales en lo que refiere a los temas globales que marcarán crecientemente la agenda política durante el siglo que comienza. Esta es la doble encrucijada en la que se encuentra Chile hoy en día. Por una parte, es un país aun relativamente pobre y en vías de modernización, con problemas característicos del subdesarrollo: una proporción importante de la población con un bajísimo poder de consumo, una educación (pública y privada) de baja calidad que ha redundado en una fuerza laboral pobremente calificada, una protección social precaria y deficiente, una muy desigual distribución del ingreso y del poder, una asimetría muy marcada entre la capital y las regiones, una infraestructura física insuficiente, y tantos otros. Por otra parte, parcialmente como consecuencia de su propio progreso y de los profundos cambios sociales, tecnológicos, culturales y económicos de la sociedad global, Chile se enfrentará durante el siglo XXI a problemas y desafíos nuevos y distintos a los que históricamente han dominado su agenda política. Tanto las demandas localistas de las regiones y los municipios por más poder y autonomía, como las exigencias de coordinación e interdependencia internacional minarán la centralidad del Estado como agente político.

La globalización cultural nos exigirá repensar la relación entre el Estado y las preferencias y valores de los ciudadanos particulares, así como las relaciones entre culturas, etnias y nacionalidades distintas. Proliferarán los movimientos de reivindicaciones particularistas, nuevos movimientos sociales, demandas ciudadanas de toda especie, y por cierto los temas ecológicos y de desarrollo sustentable cobrarán creciente relevancia. El avance científico y tecnológico nos planteará dilemas éticos a la vez urgentes y profundamente relevantes. La lista podría continuar, pero lo esencial es asumir que el mundo global nos presenta problemas que son consecuencia de los mismos éxitos de la modernidad, y que suelen ser globales en su naturaleza y en su solución. El calentamiento global o la volatilidad económica no se solucionarán con políticas nacionales. En la sociedad del riesgo, ningún país se salva de verse afectado por lo que sucede en el rincón opuesto del planeta. Los vacíos y necesidades del escenario político Falta de modernidad por una parte, problemas globales emergentes por la otra; todo país en desarrollo se enfrenta a este doble desafío. Sin embargo, vemos que las fuerzas políticas actuales en Chile siguen preocupadas sólo de los problemas clásicos del desarrollo, y no han hecho- ninguna de ellas- un esfuerzo serio de renovación ideológica o programática con miras al siglo XXI. Como además la división entre Concertación y Alianza se da sólo en parte por diferencias programáticas de fondo, y de manera más fundamental por la posición histórica que unos y otros tuvieron ante el gobierno de Pinochet, vemos que el ordenamiento actual de la política chilena responde más a las dificultades del pasado que a los desafíos del futuro. Si a esto sumamos la falta de democracia interna dentro de los partidos políticos existentes y el poco espacio que han dejado a la renovación de caras e ideas en su seno, nos damos cuenta que existe una importante y preocupante impermeabilización de los partidos frente a la ciudadanía que pretenden representar. Es ante este escenario que nos planteamos la posibilidad de formar un nuevo referente político en Chile. Un referente que, sin abandonar los aún urgentes temas de la modernización del país, empiece a plantearse frente a los desafíos políticos, sociales y éticos del futuro. Un referente que no se vea constreñido en sus visiones, ideas y propuestas por la camisa de fuerza que significa el eje Sí/No en la política chilena, y que sin embargo, sea capaz de articular una clara visión de país anclada en los valores permanentes de la humanidad y que constituyen el corazón de la tradición intelectual y moral de Occidente: la libertad, la igualdad, la solidaridad, la tolerancia, el respeto a la vida, y la fe en la razón y en el diálogo. Pero, ¿es posible articular una visión de ese tipo, que no esté ya encarnada en alguno de los partidos políticos chilenos? Ciertamente que sí. Aun sin pretender inventar ideologías nuevas, en Chile se observa que en la derecha priman los partidos liberales en lo económico, pseudo autoritarios en lo político y conservadores en lo valórico, mientras que en la izquierda tenemos partidos más reguladores en lo económico, democratizadores en los político y liberales en lo valórico, sin dejar de mencionar a la DC, que pertenece a una coalición de centroizquierda y tiende a adscribir al mundo conservador en temas valóricos. Aspiramos a construir un movimiento político que sea razonablemente pro-mercado en lo económico, profundamente participativo y democratizador en lo político, y reconocidamente liberal y tolerante en lo valórico. Esta combinación, unida a la preocupación por los temas emergentes del siglo XXI y a la apuesta generacional que detallamos más abajo, creemos que representa un enfoque distintivo en la política chilena y que no encuentra una representación adecuada en ninguno de los partidos políticos actualmente en existencia. Nuestra apuesta política En el ámbito propiamente político, nuestro compromiso inalienable e inclaudicable es con la libertad. A ésta la entendemos en su doble sentido: como libertad negativa, según la tradición liberal clásica; y como libertad positiva, asociada a la tradición cívico-republicana. La primera, está relacionada con la protección de los derechos individuales frente al poder público, a establecer una esfera de autonomía individual intocable por las decisiones colectivas de la mayoría o por las pretensiones del Estado. La segunda, entiende la libertad como la posibilidad de acción colectiva unida a un espacio de deliberación racional entre ciudadanos, cuyo primer modelo fue la polis griega. La primera es una libertad esencialmente privada, la segunda una libertad esencialmente pública. Creemos que ambas son necesarias tanto para la existencia de una democracia vital y fuerte, como para la plena realización de los seres humanos. Las entendemos como esencialmente complementarias, y es obligación de la organización política de una comunidad el garantizar y profundizar ambas. Ahora bien, a nivel más pragmático creemos que para la realización de la libertad los desafíos centrales en el Chile actual son dos. El primero, es profundizar las libertades personales y locales, de modo de aumentar la autonomía tanto de los individuos como de las comunidades locales para decidir acerca de su destino. El servicio militar obligatorio o el voto obligatorio para los inscritos son ejemplos de políticas autoritarias que limitan la libertad personal. Las políticas centralizadas (decididas en Santiago) en infraestructura, vivienda y educación, son ejemplos de la escasa autonomía de regiones y comunas para decidir lo que es mejor para ellas. Creemos que ambos tipos de autoritarismo no se condicen con las aspiraciones de una sociedad libre. Nótese que el principal obstáculo para eliminar el voto y el servicio militar obligatorio han sido los partidos de la Alianza; en el segundo caso, el centralismo ha sido responsabilidad de la Concertación. Por lo tanto, tenemos derecho a pedir un compromiso coherente con la libertad a ambos sectores. El segundo desafío dice relación con fomentar y profundizar radicalmente los espacios de participación ciudadana y política en Chile. La ciudadanía no se limita, como creen algunos, a aumentar el acceso al consumo. Queremos ser consumidores pero también ciudadanos, preocupados de nuestro bienestar pero también del progreso colectivo. Para ello, creemos fundamental impulsar con fuerza un cambio hacia una cultura política más democrática, inclusiva y dialogante. Queremos un sistema electoral que no excluya a minorías significativas del Congreso y que no silencie las nuevas ideas mediante una franja electoral que asigna tiempo según la votación pasada, perpetuando así la hegemonía mediática de las mayorías. El disenso, a buenas cuentas, no es inherentemente maligno, como parecieran pensar algunos. Por otra parte, queremos que en Chile exista una sociedad civil fuerte, diversa, dinámica y autónoma. Sin ella, la comunicación entre el sistema político y la ciudadanía se vuelve casi imposible y en cualquier caso profundamente asimétrica en su poder, al enfrentar a grandes máquinas partidarias frente a individuos atomizados. La sociedad civil es esencial para vigilar a los poderes públicos y para canalizar las demandas e intereses de la ciudadanía. Además, será esencial para procesar los temas emergentes del siglo XXI a medida que hacen su aparición. Creemos que en esta tarea de fortalecimiento la Concertación ha fallado, al estar más preocupada de neutralizar las demandas de la sociedad civil y cooptar a sus líderes, que de formular políticas que busquen potenciar y empoderar a las organizaciones en la búsqueda de sus propios fines. Es nuestra profunda convicción, que si las personas no tienen la posibilidad de participar en lo público - es decir, en la contribución al bien común- los ciudadanos se degradan en meros consumidores y la democracia, así empobrecida, pierde parte de su intrínseca dignidad. Nuestra apuesta es contribuir a restituir esa dignidad, abriendo espacios a la participación de todos en la búsqueda del bien de todos; y al hacerlo, estaremos abriéndole las puertas de par en par a la libertad. Nuestra apuesta económica social Si bien las libertades políticas son una parte esencial de nuestra visión de país, ellas valdrían de poco si no van acompañadas del progreso económico y la justicia social que permiten a las personas disfrutar de los espacios de autonomía personal y disponer de tiempo para participar en los espacios públicos en condiciones de igualdad de derechos y de dignidad. Por ello, el desarrollo económico es un componente esencial de cualquier proyecto de país que se tome en serio la libertad de sus habitantes. En los últimos 20 años, Chile ha tenido un progreso notable en este ámbito, más que doblando el producto per cápita y disminuyendo la pobreza de ingreso desde un 40% en 1987 a un 19% el 2003. Su combinación de una economía libre y abierta al mundo; instituciones sólidas, estables y creíbles; y una política social amplia y bien financiada, orientada a mejorar la calidad de vida de las personas por medio de inversión en vivienda, salud, pensiones y educación (aun cuando los resultados han sido mixtos en algunas áreas), han convertido a Chile en la â??historia exitosaâ?? de América Latina. A pesar de ello, persiste una distribución del ingreso escandalosamente desigual, la cual se explica por la existencia de una élite inusualmente rica en términos comparados, y cuya participación en el ingreso nacional no ha caído en absoluto durante los gobiernos de la Concertación. En lo medular, nosotros suscribimos al â??mixâ?? de políticas que se ha venido aplicando en Chile, usualmente llamado economía social de mercado, y el cual ha alcanzado un muy alto grado de consenso en el país gracias a sus visibles y sustanciales éxitos. Sin embargo, creemos que precisamente porque se ha avanzado tanto, es que estamos en posición de hacer mucho más. Nuestro objetivo principal en este ámbito es una sociedad a la vez próspera y justa, que supere definitivamente la pobreza y que garantice igualdad de oportunidades a todos sus habitantes. Para ello, creemos que hay dos ejes de acción de gran importancia. En primer lugar, es fundamental potenciar el crecimiento económico de largo plazo, sin el cual la superación de la pobreza se vuelve cuesta arriba y toda redistribución dolorosa. Para ello, creemos que los grandes temas en que el país aun no ha hecho un esfuerzo de la magnitud y prioridad que se requieren son la educación, la tecnología y el fomento al emprendimiento. Sostenemos, enfáticamente, que no hay desarrollo sostenible que no esté apoyado en una educación de alta calidad. Lamentablemente, todas las mediciones internacionales muestran que nuestra educación es de pobrísima calidad; y las nacionales, que no progresa en su calidad y que falla rotunda y dramáticamente en cuanto igualador de oportunidades. Este desolador panorama tendrá consecuencias nefastas tanto sobre nuestro potencial de crecimiento económico como sobre nuestra capacidad de construir una sociedad más igualitaria. Por ello, el país no puede darse el lujo de resignarse a una educación pública y privada mediocre. Su importancia estratégica exige que la política se haga cargo del problema y lo convierta en una verdadera prioridad nacional. Junto a esto, una política de fomento al crecimiento requiere un énfasis fuerte en la investigación y desarrollo tecnológico, para lo cual se necesita que el Estado, las universidades y las empresas privadas trabajen coordinadamente de modo semejante al que los países asiáticos emergentes lo han hecho por décadas. Podemos y debemos adaptar a nuestras condiciones los modelos exitosos de desarrollo tecnológico de otros países; pero para ello, lo primero es tener la claridad conceptual y la voluntad política de reconocer que sin educación y sin tecnología, nuestro desarrollo económico será siempre precario y vulnerable a las oscilaciones de los mercados mundiales de materias primas. Por último, creemos que Chile requiere fomentar una verdadera cultura del emprendimiento, donde la novedad y la creación sean incentivadas y valoradas socialmente. Naturalmente, estas tres áreas- educación, tecnología y emprendimiento- se refuerzan mutuamente y en la medida en que formen parte de una política conjunta, las condiciones estarán dadas para que Chile logre un desarrollo económico fuerte, sostenido y diversificado. El desarrollo económico es una condición necesaria pero no suficiente para abordar nuestro segundo eje de acción: la superación integral de la pobreza, entendida por cierto dentro del contexto mayor de una reducción de las profundas desigualdades sociales existentes. Para ello, a la política económica debe sumársele una política social potente que sea una verdadera prioridad nacional. Creemos que podemos y debemos hacer, como país, un esfuerzo superior por trabajar por y con las personas en situación de pobreza. En este sentido, es parte de nuestro ideario fundacional, de nuestro ethos constitutivo, el situarlas en el centro de nuestras preocupaciones de una manera en que los partidos políticos tradicionales simplemente no lo han hecho. En esta tarea, creemos que la tradicional comprensión de la pobreza como una mera escasez de ingresos es anacrónica e insuficiente. De igual manera, la manera centralista, paternalista y asistencialista en que el Estado chileno históricamente se ha hecho cargo de la pobreza es equivocada, a veces contraproducente y sin duda vejatoria de la dignidad de las personas en dicha situación. Y si bien en el último tiempo la comprensión sobre la pobreza y los programas dirigidos a ella se han ido complejizando y diversificando hasta cierto punto, creemos necesario radicalizar esa evolución hacia un modelo que dignifique a las personas en situación de pobreza y les dé real participación en la definición de políticas. A pesar de algunos esfuerzos, la Concertación no ha sido capaz de integrar los nuevos enfoques en pobreza con un modelo de intervención que rompa la inercia burocrática, parcelada y centralista del Estado chileno. Aspiramos, pues, a formular una política social distinta, que implica un verdadero cambio de paradigma debido a sus características. Primero, debe entender la pobreza como un fenómeno multidimensional donde confluyen la insatisfacción de necesidades básicas, el no desarrollo de funcionamientos y capacidades y la vulneración de derechos ciudadanos. En segundo lugar, debe buscar empoderar a las personas en vez de fomentar su dependencia del Estado o de otros actores. Tercero, debe tener un carácter marcadamente participativo y descentralizado, de manera que responda realmente a las necesidades locales y esté legitimada por la población a la cual va dirigida. Cuarto, debe ser coordinada e integral, de modo que no borremos con el codo lo que escribimos con la mano, como sucede actualmente cuando transformamos el problema de la falta de vivienda (campamentos) en problemas de delincuencia y falta de trabajo (soluciones habitacionales segregadas social y territorialmente). Y por último, su importancia política debe ser muy superior a la actual, agrupada de preferencia bajo un ministerio de real peso en el gobierno, y no como sucede actualmente donde está dispersa en una serie de ministerios sectoriales, cada uno celoso de su esfera de acción pero donde ninguno está en la primera línea (como lo está Hacienda en el área económica, por ejemplo). Creemos que una política social como la aquí esbozada puede contribuir significativamente a acelerar el progreso en la superación de la pobreza, y al mismo tiempo hacerlo de manera tal que se dignifique y empodere a las personas en dicha situación. Nuestra apuesta valórico cultural En los ámbitos valórico y cultural creemos que se van a dar algunas de las discusiones más fundamentales de la sociedad del siglo XXI. Por lo pronto, los debates sobre el consumo de drogas, sobre el aborto y sobre la eutanasia ponen de relieve el conflicto entre el valor de la libertad individual y el valor de la vida, tanto propia como ajena. En el futuro, la clonación y la manipulación genética también nos interpelarán a repensar el significado y naturaleza de la vida humana, una vez que ésta ha sido intervenida de manera tan profunda por la voluntad del ser humano. Ahora, más que enunciar posiciones sobre cada uno de estos temas, creemos que lo importante es construir y defender un marco de diálogo donde estas discusiones puedan ser llevadas a cabo de manera pública, transparente y fructífera. Esto implica partir de la base de que las grandes preguntas éticas de nuestro tiempo no tienen respuestas unívocas ni fáciles, no sólo debido a la complejidad inherente a todo dilema ético, sino también debido a las plurales y variadas visiones de mundo que individuos de una misma sociedad pueden llegar a tener. La importancia del respeto y el diálogo se vuelve especialmente relevante debido a lo que está en juego- modos de entender la vida humana por ejemplo- y al carácter absoluto, de â??todo o nadaâ?? que suelen adoptar las partes en conflicto. Las disputas valóricas de fondo tienen, en efecto, un carácter mucho más explosivo que cualquier disputa ideológica contemporánea. Lo importante es reconocer que la tradición como guía de nuestras acciones ya no existe, en el sentido que se ha disuelto su carácter de verdad ritual o autoexplicativa. La tradición se vuelve â??una manera másâ?? de hacer las cosas, y como tal debe justificarse y defenderse al igual que toda otra opción. Esta manera de tratar los problemas éticos asume, desde luego, que ninguna cosmovisión puede pretender tener un acceso privilegiado a la verdad o un derecho superior a establecer sus doctrinas en detrimento de otras. En la esfera pública, en otras palabras, no se puede fundamentar una postura valórica en base a verdades reveladas, al derecho divino o cualquier fuente extra humana de legitimidad. Algo similar se aplica en el caso de las disputas entre distintas culturas o etnias. Nosotros apostamos por una cultura pública abierta al diálogo y tolerante de la diversidad que inevitablemente irá mostrando la sociedad chilena. Esto debiera ir acompañado de un Estado que en sí mismo tienda a la â??neutralidad éticaâ??, es decir, que no haga suya ninguna doctrina comprehensiva del Bien (como lo haría, por ejemplo, en el caso de declararse un Estado católico), de modo de preservar la esfera pública como un espacio neutro e imparcial de diálogo e intercambio que le dé iguales garantías a todos. Estas breves reflexiones sobre los dilemas valóricos de la sociedad contemporánea no buscan, pues, establecer posturas oficiales ni mucho menos obligatorios sobre los que adhieran a este nuevo referente político. Eso iría en contra precisamente de la apertura que consideramos parte de nuestro proyecto político y del marco de diálogo razonado y razonable que debe primar en el espacio público, aun sobre temas tan esenciales, si queremos proteger la libertad y alejar el fantasma de los fundamentalismos de la sociedad chilena. Nuestra apuesta en política internacional Por último, no podemos dejar de mencionar la importancia que tiene en un mundo globalizado el tener una política internacional clara y activa. Y si bien aplaudimos la apuesta de apertura e internacionalización que ha seguido Chile en los últimos años, creemos esencial complementar esa mirada globalizada con una mirada regionalista que tenga en América Latina su foco. Es imposible disociar en el largo plazo los intereses de Chile de los de su región. Por una parte, en la medida en que al resto de América Latina le vaya bien, las oportunidades de crecimiento y el bienestar de Chile aumentarán correspondientemente. Sin embargo, no es sólo un asunto económico el que nos importa. Compartimos con la región una misma lengua, una misma historia, una misma forma de vincularnos y las mismas raíces valóricas. Somos, qué duda cabe, parte de la misma cultura; una con variaciones internas pero claramente distinta al mundo anglosajón y europeo. Asimismo, nuestras estructuras sociales y económicas se asemejan tremendamente entre sí y enfrentan los mismos desafíos de disminución de las desigualdades y de modernización productiva. Compartimos- querámoslo o no- un destino común. Al fin y al cabo, miramos al mundo desde el mismo lugar. Todo esto nos lleva a reafirmar un compromiso profundo y de largo

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Miedo al poder?: el desvío de la elite jóven

Enviado por Francisco Cerda el 25/01/2006 a las 17:02
En una nota anterior me referí a que debíamos renovar nuestra insatisfacción con la pobreza. En la misma línea, es decir, en el mismo concepto paragua de lo que debemos renovar, creo que está el profundo rechazo (que yo leo como miedo) de las elites jóvenes a participar en política: a entrar en la verdadera conversación de poder. Tuve la suerte de salir de unos de los colegios más prestigiosos del país, el Saint George, de estudiar un año en la Universidad de Chile (Leyes), y finalmente graduarme de Psicólogo en la Pontificia Universidad Católica de Chile. Por odioso y arrogante que pueda parecer si no se percibe el real sentido de lo que quiero expresar, debo decir que he formado parte de un pequeño grupo de personas que hemos tenido el camino fácil, por lo menos en lo relativo a las oportunidades de expandir nuestro potencial. Recibimos un piso más que suficiente para vivir por parte de nuestros padres, hemos recibido conocimiento de los mejores profesores del país educados en las mejores universidades del mundo, y tenemos largas, poderosas y múltiples redes sociales. Creo estar a dos llamados de cualquier persona de este país con capacidad de influencia politica, económica o cultural. Y evidentemente no soy sólo yo, ni mucho menos se debe a mí. Pues bien, parte de este grupo manifestamos nuestra insatisfacción frente a la injusticia social, como tantos lo han hecho en la historia del mundo y de Chile. Hemos hecho acción social teniendo para nuestra generación a Un Techo para Chile como máximo referente para la sociedad. En el Techo, trabajan muchos profesionales recién egresados que en su gran mayoría son de la PUC. El nivel de profesionalismo es muy dificil de ver incluso en muchas empresas privadas: la acción está fuertemente (y a mi parecer excesivamente incluso) apoyada en la teoría, y las metas que se ponen por lo general se ven imposibles durante un tiempo. Este tipo de jóvenes - que va más allá del Techo obviamente - evade entrar en las verdaderas conversaciones de poder, evade entrar en política. Nos afirmamos en la teoría, en las buenas intenciones, algunos en la religión o en la iglesia. Trabajamos en ONG's tipo Techo u otras (Emprendamos y Mercator en mi caso), y luego nos vamos a la empresa privada, para mantener a la familia (mi caso). Los más fundamentalistas y concecuentes se van a las universidades y unos pocos al Estado en cargos de asesoría con sueldos a honorarios, tipo sector privado. Pero en politica no estamos entrando. El grupo afortunado, por decirlo de alguna manera, está rehusando a participar, cambiar y sostener las conversaciones políticas que cambien nuestro país. No participamos en partidos políticos, ni los estamos formando. No estamos pensando postularnos a Alcaldes o Diputados, y no estamos en la sopa de la conversación y acción ciudadana. La rica unión entre pasado individual y colectivo, es un amor platónico lejano e imposible en el futuro. Vamos muchachos... Chile es nuestro y nosotros de él. ¿Qué es lo que pasa que no estamos entrando en el partido final? ¿Qué pasa que de pronto nos desapropiamos y quedamos tranquilos? (Leer más)
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Los 10 países más ricos

Enviado por Francisco Cerda el 02/01/2006 a las 8:02
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Como parte de mi propuesta respecto de acabar con la pobreza tiene que ver con conversar acerca de la riqueza, les presento la lista de los 10 países más ricos del mundo. Aprovecho de mostrarles el sitio Human Development Reports, un sitio de Naciones Unidas que nos entrega mucha información sobre el desarrollo en el mundo. Los 10 países son: 1.- Suecia. 2.- Noruega. 3.- Holanda. 4.- Finlandia. 5.- Dinamarca. 6.- Alemania. 7.- Suiza. 8.- Luxemburgo. 9.- Canada. 10.- Francia. Dato curioso: España es el 11 y EEUU el 17.
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La insatisfacción con la pobreza se debe renovar

Enviado por Francisco Cerda el 14/12/2005 a las 20:36
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Según la última encuesta CASEN del 2003, en Chile un 18,8% de la población vive bajo la línea de la pobreza, mientras que un 4.7% viven en la indigencia. Miremos bien. Esto es lo que hemos conseguido luego de 20 años de profundos cambios económicos y sociales. De 16 años de gobiernos de la Concertación. También del trabajo de cada uno de nosotros, y espero que también gracias al trabajo de fundaciones como Un Techo para Chile, Fundación Mercator, Emprendamos, Fundación para la Superación de la Pobreza, Infocap, ETAS, Fundación Trabajo en la (Leer más)
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¿Qué combatimos cuando combatimos la pobreza?

Enviado por Francisco Cerda el 29/09/2005 a las 16:09
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La pobreza me angustia, me da rabia, pena. Me confunde, me impacienta, me inquieta. He dedicado un tiempo importante de mi vida a "combatir la pobreza", y ahora que estoy bastante más alejado me pregunto seriamente; ¿qué combatimos cuando combatimos la pobreza? Tengo intuiciones, y las voy a compartir más adelante, pero espero que me den sus opiniones al respecto para iniciar la conversación? ¿la distribución de plata? ¿la violencia? ¿el barro? ¿la incapacidad de generar riqueza? ¿al sistema? ¿qué? Los espero.